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viernes, 26 de febrero de 2010

ORLANDO ZAPATA TAMAYO
EL PALADÍN DE ACERO
¡POR LA LIBERTAD DE CUBA!


Orlando Zapata Tamayo. ¿Un nombre más? No. Es el último cubano, por ahora, que ha muerto a manos del putrefacto sistema cubano de los Castro y de todos los descerebrados que viven de, y para, ellos con el único objetivo de mantener una dictadura asesina, odiosa y desgraciada que lo que ha hecho en 51 años es arrastar a Cuba y a los cubanos al desastre.

Orlando era uno de los 200 presos políticos que se pudren en las cárceles de Cuba, por el único delito de disentir de la doctrina oficial Castrista-Comunistoide.

Orlando Zapata es, era, un hombre de 42 años, albañil y fontanero, nacido en Santiago de Cuba. Pertenecía al Movimiento Alternativa Republicana. En el año 2003, cuando se produjo la detención del llamado Grupo de los 75, acusado (como no) de conspirar para EE.UU, él también fue detenido y condenado a tres años de cárcel por "desacato, desorden público y desobediencia".

Ya en prisión, y según sus captores, su conducta "radical" hizo que se le fueran imputando delitos hasta alcanzar los 36 años de condena. Su conducta, "radical" para los castro-nazi-comunistas lacayos de los "hermanísimos", no sólo merecía el aumento de los años de prisión, sino que los sádicos de turno se cebaban con él para acabar con su fuerza de espíritu en contra de la opresión castrista.

En diciembre, Zapata, dejó de ingerir alimentos sólidos en la prisión de Camagüey para denunciar los maltratos físicos y psíquicos sufridos y exigir ser tratado como "prisionero de conciencia" y no como un delincuente común; él no era ningún terrorista, ladrón, violador o asesino. Las consecuencias de su huelga de hambre de 85 días de ayuno se agravaron cuando se le negó el agua durante 18 días, denunciaba ayer el opositor Carlos Alberto Montaner. El 16 de Febrero fue trasladado a un centro médico para reclusos y, el lunes, a otro hospital de La Habana, donde murió el martes día 23 de Febrero de 2010.

Hoy he oído por la radio unas declaraciones de la señora Reina Luis Tamayo, madre de Orlando. en las que enmedio de su dolor, ha contado de forma directa las palizas a que se veía sometido su hijo, palizas que llegaron a causarle tales heridas que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para salvar su vida, intervención que esta señora tuvo que suplicar a las autoridades y que no se realizó, hasta que no pudo más y salió a la calle con un cartel gritando lo que estaban haciendo con su hijo. Al pobre Orlando lo operaron y a ella la detuvieron como delincuente. Como prueba de las perrerías que le han hecho a Orlando conserva una prenda ensangrentada. Curiosamente, Orlando sólo pedía no ser tratado como un delincuente y poder tener los mismos derechos que el infame Fidel Castro tuvo cuando fue encarcelado por el ataque al Cuartel de Moncada que, por cierto, fue atacado sin la presencia del cobarde de Fidel y los cobardes que le acompañaban que, "milagrosamente", se extraviaron en el camino y ¡No pudieron llegar!. Pues bien, lo que obtuvo Castro del "dictador" Batista, no procede que un cubano lo obtenga del DICTADOR llamado Fidel Castro, primero y, ahora, de otro DICTADOR llamado Raúl Castro.

Y pensar que hay babosos adoradores de mitos, que adoran a traidores como estos que fueron capaces de abandonar a sus compañeros ante el enemigo, asesinaron a otros y tratan a su pueblo como reses...

Mientras esto sigue sucediendo en Cuba, Rodríguez Zapatero sigue afirmando que estamos saliendo de la crisis y amando fervientemente a unos engendros de mamarrachos que parecen salidos de una mezcla de Napoleón-Hitler-Stalin-Mussolini-Castro: Castros, Chaves, Ortega, Morales, Fernández, o como él mismo, que parece quererse de forma harto sospechosa. Lo que les pase a los ciudadanos le tiene sin cuidado como a los otros seis. Señor presidente del gobierno español, debería de recordar aquello de... "Dime con quien andas, y te diré quien eres". Su "olvido" en el discurso en Suiza, es más que sospechoso de su capacidad de valoración de los hechos reprobables. En usted parece que la gravedad de un hecho depende de cuales son las ideas políticas de quien los realiza, además de la simpatía que pueda inspirarle a usted el autor del hecho, lo cual, es de una bajeza indigna en una persona de su categoría. Creo yo.

No vale la pena mencionar las palabras de "Raulito" en las que culpa a los EEUU de la muerte del pobre Orlando. Tal cinismo no merece ni comentarse. Tampoco vale la pena comentar nada de la censura a que se ve sometida la ciudadanía cubana que no se ha enterado de nada. Tampoco, sobre las fuerzas de seguridad del estado que Castro ha empleado para evitar que, quien quisiera, acudiera al entierro de Orlando. Tampoco de Santiago Padrón, Máximo Pradera y Ihosvani Suris, los 3 disidentes encarcelados desde 2001 sin haber sido procesados... ni, ni, ni...

Hoy se ha sabido que varios presos políticos cubanos han comenzado una huelga de hambre en las cárceles cubanas.

Honradamente, creo que la libertad de un país hermano como es Cuba, es un caso en que se debe apoyar la lucha de los valientes que se enfrentan a la fuerza bruta con sólo sus ideas y su vida para conseguir, tan sólo, algo tan natural y humano como es el derecho de todo un pueblo a la libertad.

Por último y volviendo a la madre de Zapata, por la radio ha pedido a Moratinos que una representación del Congreso los visiten para poder expresarles en persona lo que ha sucedido con su hijo y está sucediendo en Cuba, y que, desgraciadamente, no hay ninguna mentira en su denuncia. Ojalá me equivoque, pero me temo que la pobre señora y los compañeros de Orlando tendrán que esperar un buen rato...

La señora Reina Luis Tamayo, también ha comunicado por la radio que, a partir de ahora, en honor de la fuerza y el sacrificio de Orlando, sus compañeros han decidido recordarle como:

El Paladín de Acero
¡Por la Libertad de Cuba!

martes, 5 de enero de 2010

ERNESTO "CHE" GUEVARA
¿HÉROE O VILLANO?

¿Me atrevo con el Che? La sola pregunta implica una autocensura que funciona con precisión automática cuando el tema escogido para un artículo presenta aristas incómodas. Y los mitos caídos en la trinchera son lo más sagrado de la religión atea, tanto, que analizarlos críticamente implica la expulsión directa del paraíso.

En estos tiempos en los que Don Quijote ya no topa con la Iglesia (quizá porque la pobre lleva años zarandeada), choca frontalmente con las religiones ideológicas, cuyos autos de fe contra los herejes son implacables. Y el Che es la fe en ella misma, el Santo Grial de los revolucionarios, el cáliz donde beben las bocas sedientas de viejas ideologías.

¿Quién duda de la bondad extrema del Che, de su entrega, de su heroicidad? Él, que sacrificó una vida de bienestar, que huyó de las medallas y de los honores, que volvió a las selvas de la lucha, allí donde germinaba la semilla de la revolución. Él, que dio su vida por el pueblo. Icono de masas, profeta de libertades y marca comercial por excelencia, el Che sobrevive al tiempo y a la historia, convertido en el cadáver más exquisito del siglo XX. Dicen que su perfil, extraído de la foto de Alberto Korda, es el símbolo más reproducido de la historia moderna.

Ahora, la película de Steven Soderbergh, con el espléndido Benicio del Toro metido en la piel del mito, da nueva luz al icono, y con ella retornan los tiempos de los pósters en las habitaciones de los adolescentes. Especialmente en Latinoamérica, donde los problemas endémicos se entrecruzan con los mitos revolucionarios y las promesas vacuas de los demagogos populistas. El Che es el paradigma del sacrificio por la causa, el héroe de todas las luchas, el ejemplo de la entrega, o así se ha construido el mito durante décadas de ficción histórica. Deconstruirlo es tanto como cometer sacrilegio a las puertas mismas de San Pedro.

Y, sin embargo, ¿no ha llegado la hora de deconstruir al mito, cuya bondad suprema es uno de los montajes propagandísticos más eficaces de la historia del comunismo? Por supuesto, Ernesto Guevara fue un hombre extraordinario, tanto por su magnética personalidad, como por su capacidad intelectual. Mucho más complejo que su amigo Fidel, un simple autoritario con ínfulas de Mesías, el Che fue el auténtico líder de los sueños utópicos de los años sesenta. Pero ello no evita reflexionar sobre algunos aspectos de su violenta biografía, en nada parecida a Santa Teresa de Calcuta. Fue el Che el que hizo ejecutar a decenas de disidentes cubanos en la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, como supervisor de los sumarísimos "juicios revolucionarios" en Cuba. Y fue él mismo el que masacró pueblos enteros de campesinos, en su implacable avance revolucionario.

Estalinista convencido, nunca luchó por la libertad de ningún pueblo, sino para instaurar dictaduras del proletariado en todos los países sudamericanos, y su causa contenía, sin ambages, ni complejos, todos los elementos de la tiranía comunista. ¿Un libertador? Tanto como lo fue cualquier otro líder comunista de la época. Salvador del pueblo, en el sentido más patológicamente egocéntrico, su figura sólo puede entenderse como heroica si se considera heroico imponer las ideas matando a decenas de personas.

Sin duda fue un autoritario, y sin ninguna duda no tuvo problemas morales en ser un asesino. Que su causa naciera de razones nobles, que fuera un hombre con convicciones, que hubiera podido vivir una vida de comodidades y se dedicara a luchar por sus ideas, etcétera, todo es cierto. Pero nada de ello niega la mayor: que fue un enfurecido visionario, que quiso imponer, a sangre y fuego, sus dogmáticas e inapelables razones. Si el Che hubiera ganado en su carrera hacia la liberación, hoy toda Sudamérica sería una patética Cuba. O, peor aún, naufragaría entre déspotas y mafias, cual una Rusia cualquiera. Y nada de ello, nada, tiene que ver con la libertad.

Pilar Rahola
La Vanguardia. Barcelona.
16/09/2008

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Totalmente de acuerdo con la magnífica periodista Pilar Rahola, que demuestra en sus artículos una valentía nada común en la actual escena política, periodística y ciudadana española y de muchos otros países más o menos abotargados por el poder y la corrupción.

Dicho lo anterior, me permito ahondar un poco más en ciertos puntos que Pilar toca con sumo acierto respecto a este asesino adorado por revolucionarios de pacotilla que, tal vez, reniegan de la religión y sin embargo se postran ante una vulgar fotografía debidamente retocada de un personaje físicamente atractivo pero que nunca existió tal como ciertos elementos lo presentan al mundo.

Guevara no fue más que un vulgar aventurero que encontró una forma de realizar sus ansias de sangre uniéndose a unas gentes que en nombre de una "milagrosa revolución" iban a salvar a un país de las garras de un dictador, Batista, y de un país imperialista, Estados Unidos. Lo anterior, y algo de acción asegurada, además de la patente de corso para hacer lo que le viniera en gana en nombre de una supuesta revolución liberadora, fue, simplemente, lo que le hizo unirse al bellaco de Fidel Castro y a ayudarle en su traición a Cuba.

Durante la dictadura del General Perón y la del general Pedro Eugenio Aramburu, Guevara en lugar de luchar por su patria y librarla de tanto dictador, muy sabiamente, huyó de Argentina hacia lugares más propicios para sus fines criminales. Seguramente los generales argentinos le habrían cortado la cabeza a la primera ocasión.

Guevara nunca fue aceptado por el pueblo cubano, que siempre lo consideró un extranjero asesino de cubanos, soberbio y racista, además de una persona sucia y desagradable. Fue famoso el olor nauseabundo que desprendía su persona.

En el Congo traicionó a sus hombres huyendo cobardemente, abandonándolos a su suerte mientras él era rescatado por un helicóptero.

Su tan cacareado viaje como "liberador" de Bolivia es otra gran mentira. Se supone que el gran sacerdote Fidel Castro se lo quitó de encima, enviándolo al más inapropiado país de América para convencer a los bolivianos de la necesidad de iniciar una gran revolución. En aquel momento Bolivia tenía como presidente nada menos, que al general René Barrientos Ortuño. Después de que Guevara, llevado de su estúpida soberbia, se enfrentara al Partido Comunista de Bolivia intentando autonombrarse secretario general, y que no sirvió mas que para que lo echaran de allí a patadas, fue abandonado a su suerte por sus amados compañeros revolucionarios, Castro y compañía, los cuales con la colaboración del entonces periodista y "revolucionario" de toda la vida Regis Debray (más tarde ministro de Cultura de Francia bajo el "reinado" del socialista François Miterrand), se encargó de facilitar a la CIA, la situación geográfica en la que se hallaban Guevara y sus compañeros que acabó con la captura del "héroe" y su posterior muerte, al parecer no muy honrosa pero totalmente acorde con la baja calidad humana de Guevara.

Castro y Debray, acordaron que este último acompañara a Guevara en su "invasión" de Bolivia. Cuando ya estaban en el monte, al parecer, Debray, mostró miedo a seguir con aquella locura y Guevara lo dejó ir. O sea, nuestro amigo francés sabía el sitio exacto donde se encontraba su Che, y en cuanto tuvo la ocasión facilitó los datos a quien debía. Con esta jugada Castro conseguía tres cosas, sacarse de arriba a aquel grosero y maloliente argentino, crear un mártir para uso de los simpatizantes más o menos comunistoides del mundo y castigar debidamente a aquel individuo que se atrevió a abandonar a sus hombres en África en lugar de morir con ellos.

Aviso para ciertos personajes que se enorgullecen de tener en su habitación un poster del "Che" o de lucir lindas camisetas con su imagen, Ernesto "Che" Guevara además de asesino, criminal, sucio, soberbio, traidor y racista, era un homófobo de los pies a la cabeza. Quienes admiran a este asesino por su personalidad o inteligencia, se asemejan a los que admiraban a Hitler, por ejemplo, por esas mismas dotes. Si lo admiran por su supuesta belleza física, que sean valientes y lo hagan por eso, pero sin darle esa impropia aura santificadora que no hace más que rebajar a quienes lo tienen por mártir y héroe.

No hablaremos en esta ocasión de los asesinatos de cubanos permitidos por Castro, ni de la desaparición del héroe Camilo Cienfuegos, ni de la prisión de tantos y tantos revolucionarios que por no comulgar con la traición a la Revolución llevada a cabo por parte de Castro una vez aferrado al poder, fueron encarcelados o fusilados por traidores a la revolución castrista, que no de los cubanos. Ni del asesinato de Ochoa. Ni de las Damas de Blanco. Ni de Yoani Sanchez. Ni, Ni, Ni...

Tampoco hablaremos de la situación económica y cultural de la Cuba de 1958 y de la infame situación actual de la Cuba comunista después de 51 años del "triunfo del desastre". Ni de la pobre Ciudad de la Habana, "burdel de los americanos" en 1958 y, actualmente, burdel del mundo. Ni de la "falta" de libertad en 1958 y la actual situación respecto a libertades y derechos. Ni de la ayuda facilitada por los Estados Unidos a Castro y SU revolución. Ni de la emigración catastrófica que ha obligado a millones de cubanos a irse de su patria, si les deja Castro y sus acólitos. Ni del apoyo que ciertos paises que se tienen por democráticos les prestan a los traidores que durante medio siglo han desangrado al país y a sus gentes.

Los argentinos no pueden estar muy orgullosos de su compatriota pero sí pueden dar gracias a que su famoso Guevara saliera de su tierra y a que, curiosamente, el gran patriota Ernesto, no intentara ayudar a sus paisanos a liberarse de tanto general y político ladrón y asesino, por desgracia marca de la gran Nación Argentina. Ahora están mal, pero se libraron de estar mucho peor, como Cuba, por ejemplo.
Los posibles simpatizantes del régimen cubano, sean gobiernos o personas de a pié, deberían abrir los ojos, y la mente, e intentar conocer qué es lo que apoyan y, tal vez, lo pensaran mejor, pero si siguen con su apoyo, al menos no podrán negar que apoyando al sistema cubano, no tienen ningún derecho a hablar de libertad y justicia.

Por suerte, y pese a los dirigentes (y simpatizantes) comunista-fidelistoides de dentro y de fuera, dentro de la Isla hay un movimiento de rebeldía, por parte de cada día más personas contra el sistema dictatorial cubano, personas que se exponen a la cárcel y a sufrimientos para intentar hacer que cambie hacia mejor un sistema de oprobio del poder sobre todo un pueblo, como el tan admirado (por gentes sin escrúpulos, sin sentido común e ignorantes de lo que es la más mínima humanidad) sistema comunista-fidelista cubano.

Sirva este comentario como un reconocimiento al sufrimiento de un pueblo que no se lo merece, así como un apoyo en estos momentos tan difíciles en que el mundo parece ignorar la situación de millones de personas bajo la bota de los Castro y de su pandilla de degenerados, que no saben, o no quieren, darse cuenta de que estamos en el Siglo XXI, año 2010, y que ya es hora de evolucionar o abandonar las poltronas y las prebendas dejando a otros la guía. Ellos no sirven, y no ha sido por falta de tiempo, apoyo y oportunidades. Fatalmente, hay que reconocer su absoluta inutilidad como gobernantes.

En general, quien utiliza el poder para machacar, explotar y asesinar a otros seres humanos, no merece el menor respeto como persona ni, mucho menos, la adoración de otras personas, que, por cierto, demuestran una cierta falta de personalidad y de cerebro. Por los mismos crímenes contra los seres humanos no se puede perdonar a unos y culpar a otros. Es estúpido escandalizarse por los crímenes nazis e, hipócritamente, comprender los crímenes comunistas. No se puede reprobar una dictadura y sus crímenes por ser de izquierdas y aplaudir a una misma dictadura y sus crímenes por ser de derechas. No se puede apoyar en el poder a un asesino por que diga que es de izquierdas e intentar derrocar a un asesino por que diga que es de derechas. Si hay muertos, terror, falta de libertad, explotación, hambre, mentira, hipocresía... ningún sistema ni idea es aceptable, tan sólo lo es para los organizadores de la "Religión", para los seres con poco seso que les siguen como borregos sin ver ni oir la realidad, para los sinvergüenzas que quieren medrar adorando a los poderosos, o por fin, la única que puede resulta comprensible: hacer ver que se respeta si la vida está en juego, totalmente honroso si no se cae en la trampa que nos tiende el poder, al menos, de la piel hacia dentro.

!VIVA CUBA¡